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Obtuvo una Beca Leonardo en Economía, Ciencias Sociales y Jurídicas en 2025

Álvaro Sánchez aúna técnicas de neurociencia y de psicoterapia para mejorar el tratamiento de la depresión

FUNDACIÓN BBVA

La depresión será el problema de salud más discapacitante en 2030, según la Organización Mundial de la Salud. Un proyecto Leonardo liderado por Álvaro Sánchez López aborda una estrategia poco explorada hasta ahora: el uso de técnicas no invasivas de imagen cerebral y neuroestimulación para personalizar y aumentar la eficacia de la psicoterapia al abordar esta patología.

26 marzo, 2026

Perfil

Álvaro Sánchez López

Esta investigación parte de una pregunta sencilla de enunciar y compleja de responder: ¿por qué, ante situaciones estresantes similares, algunas personas acaban deprimiéndose y otras no? Álvaro Sánchez es profesor en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y dirige el E-Motion Lab. Al plantear esta pregunta, pone el foco en los sesgos cognitivos y emocionales, es decir, en “las maneras de atender e interpretar las experiencias que dan más peso a los aspectos negativos de estas y que acaban influyendo en cómo uno se percibe a sí mismo y al entorno”.

Estos mecanismos afectan también a la memoria, a través de la que se activan conocimientos y recuerdos de situaciones previas congruentemente negativas y que se proyectan a la forma de experimentar e interpretar contextos nuevos. “Toda esta arquitectura de procesos psicológicos sesgados —que incluyen la atención anclada en aspectos negativos del contexto, la interpretación negativa de este, la atribución de causas hacia uno mismo y la activación de memorias negativas relacionadas— suele ser mucho más pronunciada en aquellas personas que presentan un mayor riesgo de sufrir depresión”, agrega Sánchez López.

Las terapias psicológicas van precisamente dirigidas a reducir esos sesgos, a dotar al paciente de herramientas para que “reestructure la forma en que ve el mundo y la forma en que se ve a sí mismo”, continúa el investigador, quien subraya cómo la neurociencia puede ayudar a identificar las áreas cerebrales que se activan ante determinados procesos. “De la misma manera que sabemos que la capacidad de resolución de problemas está asociada a la activación de la corteza prefrontal, en nuestra investigación previa también hemos detectado que, dentro de esta, en particular, la corteza medial prefrontal está muy implicada en los procesos interpretativos a través de los que se generan interpretaciones negativas que afectan a esta y a la capacidad de regulación emocional”, explica.

Un experimento que combina factores conductuales con neuroimagen

El proyecto va a profundizar en esta cuestión con personas clínicamente deprimidas que en el laboratorio realizan tareas conductuales que permiten medir los componentes de atención e interpretación sesgados, al mismo tiempo que la actividad del área cerebral implicada se evalúa mediante una técnica de neuroimagen no invasiva denominada espectroscopia funcional de infrarrojo cercano (fNIRS): “Mientras vamos haciendo pruebas que nos permiten detectar sesgos, vemos qué ocurre a nivel cerebral. Luego podemos unir los resultados conductuales con los de neuroimagen y establecer cuándo ha habido cambios”.

En paralelo, utilizan “técnicas de neuromodulación, en concreto estimulación transcraneal (tDCS, por sus siglas en inglés)”. El investigador detalla su funcionamiento: “Esta intervención no invasiva induce la activación de esa área focal y permite testar de modo experimental si está implicada en que aparezcan más interpretaciones negativas en este tipo de personas. Es decir, si modulamos esa actividad experimentalmente, podemos comparar el rendimiento y activación cerebral asociada a este con la misma persona en otra condición donde no se genere experimentalmente la excitación de esa área cerebral. De este modo, si los resultados son distintos en la misma persona según su condición, estaremos demostrando qué área tiene implicación casual en la activación (y, por tanto, posible intervención) de estos sesgos negativos”.

En relación a esto último, el horizonte clínico que esta constatación abriría forma también parte del proyecto Leonardo. “Si podemos modular la plasticidad de esa área cerebral cuando hagamos ejercicios terapéuticos para generar interpretaciones más benignas, más positivas, nuestra tesis es que esto facilitaría el aprendizaje de esas reinterpretaciones. No estamos tratando la depresión a base de estimular el cerebro, sino intentando que el cambio cognitivo se lleve a cabo de un modo más efectivo y consolidado. Al incorporar el conocimiento que nos proporciona la neurociencia podemos mejorar el impacto de la terapia psicológica”, razona Álvaro Sánchez.

El investigador valora en particular el efecto potencial de una ayuda de este tipo “en perfiles clínicos con altos niveles de deterioro, personas con depresión grave en las que hay mayor dificultad para generar estos nuevos aprendizajes. Este estímulo podría ser un añadido esencial con claro potencial para mejorar el impacto de las terapias psicológicas en este tipo de perfiles”.

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