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La arquitecta obtuvo una Beca Leonardo en Humanidades en 2015

Laura Martínez de Guereñu reintroduce a Lilly Reich en la memoria colectiva de la Bauhaus

NORA GONZÁLEZ FORNÉS

En 2015, la arquitecta e historiadora Laura Martínez de Guereñu recibió una Beca Leonardo para investigar las transferencias culturales de la Bauhaus con España y América. En un archivo del MoMA que consultó como parte de ese proyecto, descubrió unos planos firmados por Lilly Reich del pabellón alemán para la Exposición Internacional de 1929, que tuvo lugar en Barcelona. “Siempre nos habían contado que Ludwig Mies van der Rohe era el gran maestro detrás de ese proyecto, pero me di cuenta de que lo habían ideado entre los dos, y que la habían relegado a ella a un segundo plano”, apunta la investigadora, que acaba de publicar un libro sobre la relevancia silenciada de esta arquitecta de la Bauhaus, Lilly Reich in Barcelona.

 

26 marzo, 2026

Perfil

Laura Martínez de Guereñu

A partir del hallazgo de los planos, se volcó a estudiar la historia de este pabellón que aún se conserva en Barcelona. Encontró además una carta de la artista, que escribió en 1944, tras el bombardeo de su apartamento de Berlín en la Segunda Guerra Mundial. “En ella, decía que había perdido todos sus enseres y lamentaba la destrucción de sus fotos de Barcelona, poniendo esta pérdida al mismo nivel que la de su correspondencia con Mies van der Rohe, quien se había instalado cinco años antes en Estados Unidos. Partiendo de estas dos premisas, decidí emprender una búsqueda exhaustiva de evidencias que permitieran demostrar su participación en el proyecto de forma inequívoca, y que ha dado pie al libro”, relata.

El pabellón alemán de 1929 solo estuvo en pie ocho meses, pero su existencia quedó registrada por muchas fotografías en blanco y negro que aparecieron en todo tipo de catálogos y libros. “Sin existir materialmente, se convirtió en una obra cumbre de la arquitectura moderna. Por eso, se reconstruyó en el 86, y hoy se puede visitar”, detalla Martínez de Guereñu, que anteriormente ideó la intervención artística Re-enactment, en la que transformó el espacio del pabellón para vincularlo con el contexto de la exposición industrial en el que se originó, es decir, aquel en el que se gestaron muchas de las ideas de la arquitecta alemana.

En el libro, la historiadora reconstruye la narrativa alrededor de la figura de Reich, para completar el relato que siempre se había contado parcialmente, y que se focalizaba en la figura de Mies van der Rohe. “En realidad, aunque también tuvieron una relación sentimental, ellos eran ante todo compañeros de trabajo y fueron socios en muchos proyectos de 1926 a 1938. Ese es parte del problema, que dentro de esa colaboración, nunca se pudo delimitar con precisión quién hacía qué o quién aportaba una u otra idea. Aunque Reich ya llevaba una década realizando encargos de este tipo antes de conocer a Mies, él tenía una gran reputación como arquitecto, por lo que el proyecto se lo encargaron a él. Sin embargo, puso como condición poder desarrollar el proyecto completo con ella, algo que aceptaron a regañadientes y que incluyeron en el contrato, aunque solo figura la firma de él. Buscando en archivos he encontrado testimonios de lo que opinaban sobre su trabajo, quién influía a quién, en qué momento la dejaron de lado…”, desarrolla Martínez de Guereñu.

La autora de Lilly Reich in Barcelona explica que, en los años 1920, era prácticamente imposible que le hubieran dado un proyecto de tal envergadura —16.000 metros cuadrados en los que empresas alemanas iban a exponerse en otro país por primera vez tras la derrota en la Primera Guerra Mundial— a una mujer. Por eso, a pesar de su coautoría en el proyecto, la ningunearon en las reseñas y artículos de la época: “Aunque le decepcionó que no le dieran el debido reconocimiento, ella de algún modo también se sentía agradecida de haber podido participar en el proyecto. Según ella trabajaba en el mismo nivel jerárquico que Mies, como demuestra una carta en la que se refiere a ‘Mies y yo’ como responsables del proyecto. Sin embargo, lo que quedó reflejado por la historia es que se dividieron las tareas, como si él hubiera diseñado el pabellón y ella las exposiciones. Como siempre, la relegaron al papel de decoradora, por debajo de él, que era el arquitecto”.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Mies van der Rohe llevaba ya más de un año en Estados Unidos, donde tuvo la oportunidad de fraguar el resto de su exitosa carrera: en 1938 le habían invitado a ser director del Armour Institute of Technology (hoy el IIT de Chicago) y desde esa posición pudo realizar muchos proyectos que le convirtieron en uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX junto con Le Corbusier. Por el contrario, Reich no abandonó Alemania, y murió con 62 años en 1947. “Fue eclipsada por la alargada sombra de Mies van der Rohe. La primera vez que resurgió su figura fue en una exposición monográfica del MoMA en 1996 dedicada a su obra, pero tampoco respondía a la pregunta esencial de en qué medida había hecho ella posible el salto cualitativo de la obra de Mies. En el libro, intento arrojar luz sobre sus aportaciones y volver a colocarla en el lugar que se merece”, manifiesta Martínez de Guereñu.

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