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Entrevista a Alberto Conejero, Beca Leonardo en Creación Literaria y Artes Escénicas 2019

“En mi obra, he tratado siempre de compartir un fragmento poetizado de la experiencia humana”

FUNDACIÓN BBVA

La historia de amor entre Federico García Lorca y Rafael Rodríguez Rapún fue el punto de partida de La piedra oscura, obra teatral de Alberto Conejero que en 2016 triunfó en los Premios Max consiguiendo cinco galardones, incluido el de Mejor Espectáculo de Teatro, Mejor Autor y Mejor Dirección. Diez años después de su estreno, la película La bola negra ha concurrido en la Selección Oficial del Festival de Cannes. Dirigida por los Javis, que han ganado el Premio a Mejor Dirección en este certamen, y coescrita por ellos dos y Alberto Conejero, se inspira en la obra de este último. El dramaturgo y poeta recibió en 2019 una Beca Leonardo con la que escribió Paloma negra, una obra sobre la generación de exiliados españoles en México tras la Guerra Civil. Su última obra, Leonora, inaugurará la próxima temporada del Teatro de la Abadía de Madrid.

25 junio, 2026

Perfil

Alberto Conejero

Pregunta.- En La piedra oscura, la obra que ha inspirado la película La bola negra, indagas sobre la materia histórica a partir de la figura del gran amor de Federico García Lorca. ¿Qué es lo que te inspiró para escribir esta obra?

Respuesta.- El primer disparador fue la lectura de los Sonetos del amor oscuro, una de las cimas de nuestra literatura amorosa, un puñado de poemas con el temblor de un corazón atravesado de amor. Aquello fue una revelación y me pregunté quién había detrás de ese “tú” del que hablaban esos poemas, quién era aquel hombre con los “ojos de estatua”, en un momento en el que yo descubría mi propia forma de amar. Así fue cómo llegué a la figura de Rafael Rodríguez Rapún, el destinatario principal de esos poemas.

P.- ¿Cómo fue el proceso de investigación y documentación para su escritura?

R.- Fue un proceso de casi dos años. Estudié todo lo que se había publicado sobre Rapún y sobre la Barraca —grupo de teatro universitario dirigido por Lorca del que Rapún fue secretario—, sobre los últimos años de Lorca y además la Batalla del Norte y la caída de Santander. Hubo un acontecimiento crucial: mi encuentro con Tomás Rodríguez Rapún, el hermano pequeño de Rafael. Con mucha generosidad me permitió acceder al archivo de la familia, a su memoria.

P.- Ahora Lorca vuelve a estar de actualidad con la película La bola negra, que ha recibido el premio a Mejor Dirección en el Festival de Cannes. ¿Es Lorca una figura eterna en España? ¿Por qué?

R.- Porque es uno de los mejores poetas y dramaturgos de la primera mitad del siglo XX, una figura universal leída y admirada en todo el mundo; su asesinato y la desaparición de su cuerpo han convertido su figura en una encrucijada de muchas de nuestras disputas y heridas como país. No obstante, es el caudal inagotable de su obra, la cima de su talento, y su luminoso compromiso con la humanidad, lo que nos sigue convocando.

P.- ¿Cómo fue tu colaboración con los Javis para la película y su guion?

R.- Ellos vieron la función de La piedra negra en su estreno en España, hace una década. La historia ha aguardado todo este tiempo hasta que hace un par de años me escribieron para conocernos e iniciar este viaje increíble. El guion lo firmamos los tres.

P.- ¿Hay un eco al título de la obra teatral en el de la película? ¿A qué hacen referencia “la piedra oscura” y “la bola negra”?

R.- El título de la obra y de la película hacen referencia a una obra inacabada de Lorca, para la que manejaba dos títulos, y cuyo asunto compartió con Cipriano Rivas Cherif y Victorina Durán, entre otros. Se trataría de un “drama de costumbres actuales” en el que Carlos, un joven granadino, era rechazado en el Casino de la ciudad por ser homosexual. La votación se celebraba con bolas blancas y bolas negra. La “bola negra” significada el “no”, claro. En 1936 Lorca modificó el título por “La piedra oscura”, una poetización del primero.

P.- Como espectadores contemporáneos, ¿crees que conectamos más con la vida de Federico que con su obra?

R.- Lorca ya era un autor celebrado, reconocido y amado antes de su asesinato. Y lo era por una obra en la que coinciden lo popular y lo culto, la tradición y la vanguardia, lo intuitivo y la técnica. Poeta en Nueva York o La casa de Bernarda Alba, por citar solo dos títulos, son textos amados en lugares en los que la vida y muerte de Lorca no está tan presente. Por eso creo que es importante señalar una y otra vez que lo mejor de Lorca está en su obra, lo más destilado, lo más inefable, lo más eterno.

P.- También en tu trabajo reciente Leonora haces referencia a la artista Leonora Carrington. ¿Por qué te fascina esta artista surrealista?

R.- No sé si es muy conocido el paso de Leonora Carrington por nuestro país. Es fascinante y terrible el retrato que hace de esa España de la primera posguerra, de su padecimiento en el psiquiátrico de Santander en el que estuvo internada tras haber sido violada por unos soldados en Madrid. No obstante, lo que más me interesó fue su espíritu indócil, su supervivencia, la fe en su vocación de pintora, cómo Leonora logró escapar de todas las prisiones, de todas las tutelas;  me emociona cómo inventó mundos para sobrevivir al mundo terrible que le tocó vivir y cómo luego hizo alquimia de todo eso y lo convirtió en una obra libérrima, misteriosa, volcánica. No hubiera podido invocar el espíritu de Leonora sin contar con una actriz como Natalia Huarte. Lo que hace en escena es de lo mejor que yo he visto en un escenario, es puro teatro. En septiembre inauguramos la temporada del Teatro de la Abadía y las entradas están volando.

P.- ¿Cómo se desarrolló tu vocación artística?

R.- La dislexia me hizo comprender desde niño cómo el lenguaje condiciona nuestras vidas. Mis padres me llevaron a un logopeda que les aconsejó que leyera y que escribiera mucho. Puedo decir que me “recetaron” literatura.  Esa obligación se convirtió pronto en una ocasión de disfrute, de imaginación, de sumar más vida a la vida. Conservo poemas escritos al final de la EGB. Desde esa casa de la poesía llegué a la del teatro y aquí estoy desde entonces. Soy un espectador entusiasta del teatro y también su servidor desde la escritura y la dirección.

P.- A lo largo de tu carrera como dramaturgo, ¿qué es lo que has intentado transmitir con tu obra?

R.- He tratado siempre de compartir un fragmento poetizado de experiencia humana, de ese extraño y en ocasiones complicado prodigio que es estar vivo,  con un cuerpo habitado por deseos, recuerdos y palabras, algunas de estas hermosas y otras terribles. He escrito muchas historias de “fantasmas enamorados”, de personajes secundarios en esos grandes relatos que encuentran en la ceremonia del teatro la ocasión de hacerse presentes. Creo que el teatro tiene todavía la capacidad de construir una comunidad sensible y efímera durante la representación, de construir la ocasión para reconocer cuánto de espíritu se agolpa tras la carne, porque no hemos venido a este mundo a ser sólo fuerzas de producción y de consumo, sino a algo mucho más hondo y misterioso.

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