“La función del monumento es señalar que, en el lugar en el que está, hay algo que no acaba de funcionar”
Tras indagar en su trabajo cómo la arquitectura y la ingeniería dotan de identidad a un lugar, David Bestué se planteó reflexionar sobre la función de la escultura y cómo esta se relaciona con el lugar en el que está situada. En 2024, obtuvo una Beca Leonardo para llevar a cabo el proyecto “Dar Lugar”, en el que primero estudió el concepto de monumento. Partiendo del suceso de la agresión homófoba a Samuel Luiz que provocó su muerte, Bestué analiza la falta de monumentos institucionales, y articula su trabajo alrededor del concepto de “monumento espontáneo”. Ahora, publica el libro Samuel, que recoge su investigación artística a través del estudio del territorio español y de la práctica escultórica que ha desarrollado como parte del proyecto, y que presentará en Madrid el 23 de junio en la librería Lawrence.
30 abril, 2026
Pregunta.- En tu proyecto Leonardo, indagas en la relación entre escultura y lugar específico. ¿A qué te refieres con esto?
Respuesta.- Como artista, estoy acostumbrado a trabajar con salas de exposiciones o galerías, donde acaban colocadas mis piezas. Estos lugares son indiferentes, en el sentido de que las piezas pueden pasar un mes en una sala, después moverse a un almacén, y volver a instalarse en otro sitio, pero la pieza es, de alguna forma, autónoma. Es decir, tiene que funcionar por sí misma, y el lugar donde se ubica es indiferente. Esto sucede en arte contemporáneo desde hace mucho tiempo, y un artista no se suele plantear dónde va a estar ubicada su pieza. En el proyecto quería colocar las piezas en su contexto y explorar la noción de monumento, que está muy en desuso actualmente.
P.- ¿Por qué consideras que está en desuso la idea de monumento?
R-. Creo que es algo que la sociedad ya no reclama, y que genera más discordia que consenso, que es lo que, idealmente, tiene que suscitar un monumento. Recientemente, se han erigido unos pocos a donantes de órganos, o a las víctimas de la pandemia, es decir, a cuestiones que no suscitan ningún tipo de polémica, pero por ejemplo, apenas hay monumentos a políticos, algo que antes era más habitual. Esto ha provocado que, para ciertas personas, haya un vacío que a veces se ha suplido con monumentos espontáneos, y me centro en explorar ese concepto en el libro Samuel, que he creado en el marco del proyecto Leonardo.
P.- ¿Cómo aparecen esos monumentos espontáneos en el libro?
R-. He recopilado piezas que he encontrado a lo largo de la geografía española. Suelen ser monolitos, o elementos que muchas veces no tienen demasiado interés estético, que, tras un suceso, de forma espontánea y anónima conmemoran algo relacionado a este. En el libro aparecen múltiples ejemplos, algunos ligados a cuestiones más comunitarias, como el Forat de la Vergoña, un monumento que surgió en el contexto de la protesta vecinal contra el ayuntamiento en algunos barrios de Barcelona. La administración derribó algunas manzanas de viviendas para construir un nuevo espacio público, lo que fue considerado como una acción especulativa y rechazada por parte de los vecinos. Otro ejemplo común en el sur de España son los monumentos espontáneos ligados al tema de la inmigración, cuando hay naufragios de pateras. Las características de este tipo de monumentos es que suelen ser bastante fugaces y desaparecen rápido, porque son iniciativas no oficiales y muchas veces se hacen sin permisos y contra un poder establecido.
P.- ¿A qué hace referencia el título del libro y cómo se relaciona con el concepto de monumento?
R-. En el momento en el que estaba realizando esta investigación, pensé en cómo yo de alguna manera me podía posicionar también como artista, o sea, hacer un trabajo teórico de búsqueda e investigación, pero también un trabajo práctico. Antes había hecho esculturas, pero nunca desde la óptica de monumento, así que, pensando en los sucesos de los últimos años que más me habían marcado, apareció la agresión homófoba a Samuel Luiz que acabó con su vida. Me desplacé a La Coruña y, hablando con gente que le había conocido, me di cuenta de que a muchos les habría gustado hacer una conmemoración a su persona, pero tanto el ayuntamiento como su familia habían sido reacios. Desde entonces, puse este caso en el centro de mi investigación, y decidí titular el libro Samuel. A partir de ahí también me planteé cuestiones como la dificultad de hacer ese tipo de conmemoraciones a víctimas de ciertos colectivos sin caer en estereotipos, y surgió un monumento espontáneo que se colocó efímeramente en La Coruña.
P.- ¿Dirías que el proyecto y el libro en sí es un monumento a Samuel Luiz?
R-. Más que un monumento, es quizá una especie de homenaje a través de la investigación sobre estos objetos en el espacio público, y a través de la práctica escultórica. Realicé una serie de piezas durante la beca, inspirado por las palabras de la poeta Olvido García Valdés: ella dice que en su poesía tiene que haber un equilibrio entre cierta denuncia o respuesta hacia algo con lo que no se siente cómoda, y cierta belleza o celebración de la vida. Por eso, en esa serie escultórica me inspiré en esculturas de jardín, como las Venus o los Apolos, que ahora están muy pasadas de moda, para celebrar la belleza de la vida a la vez que exploraba la noción de monumento. Esas esculturas aparecen fotografiadas en el libro, en la sección final de “Cuerpos”.
P.- ¿Cómo has planteado la estructura del libro?
R-. El libro recoge toda mi investigación artística del proyecto “Dar Lugar”, en el que reflexiono cómo una escultura podía crear contexto en un lugar específico. Para mí, un monumento tiene que tener sentido en ese lugar específico, que de alguna manera esté señalando que hay algo ahí que no acaba de funcionar. En el primer apartado hablo de “Centros”, que para mí es el punto de partida del monumento. Reflexiono, a partir de ejemplos como lugares en los que han caído meteoritos o ha habido supuestas apariciones de vírgenes, cómo, tras esos sucesos, de repente todo gira alrededor de ellos. Después continúo con la reflexión sobre los monumentos que ya hemos comentado; a continuación me centro en el caso de Samuel y de otras agresiones homófobas; y acabo con el estudio de los cuerpos con mis propias esculturas. Al final del libro, he incluido en blanco y negro las fotocopias de esculturas de jardín en las que me inspiré para realizar las mías.
P.- En tu trabajo anterior también has explorado cómo la arquitectura y la ingeniería reflejan realidades contemporáneas y dotan de identidad a un lugar. ¿Podrías dar algunos ejemplos?
R-. Sí, hay dos libros anteriores que tienen que ver con esto. En Historia de la fuerza, me centré en esas obras de ingeniería en España de finales del siglo XX y principios del segundo milenio que tenían que ver con cierta idea de monumento dedicado al futuro, como muchos puentes que se construyeron en capitales de provincia (por ejemplo, los de Calatrava). Reflexioné sobre cómo esos ingenieros que partían de un conocimiento eminentemente técnico pasaban a hacer obras formalmente muy complejas, que se transformaban en símbolos del progreso de una época, antes de la crisis del ladrillo. En El Escorial: imperio y estómago estudié cómo un lugar podía anclarse a un determinado discurso político a lo largo de distintos periodos de la historia, tomando como ejemplo el Monasterio del Escorial.