FIRMA INVITADA

Las masías como archivos del clima

ERNESTO TEJEDOR

Ernesto Tejedor, investigador posdoctoral Marie Curie en Geología en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), explica en este artículo los objetivos principales de su proyecto MediRings, impulsado por una Beca Leonardo 2024 en Ciencias del Medio Ambiente, que analizará los cambios ambientales registrados en los troncos de los árboles que se utilizaron como vigas en la época medieval para construir edificios como masías, molinos e iglesias de la provincia de Teruel. Este novedoso enfoque arrojará luz sobre los extremos climáticos del pasado, como la frecuencia y la intensidad de las sequías graves, y sus causas naturales, mejorando nuestra capacidad de previsión y adaptación a los impactos del cambio climático.

29 abril, 2026

Perfil

Ernesto Tejedor

En el paisaje abrupto del Maestrazgo turolense, las masías aparecen dispersas, ancladas al territorio y al tiempo. Muchas están hoy abandonadas; otras resisten como hitos silenciosos de una forma de vida que desapareció hace apenas unas décadas. Sin embargo, más allá de su valor arquitectónico o etnográfico, estas construcciones rurales conservan un patrimonio menos evidente y, hasta ahora, prácticamente inexplorado: en sus vigas de madera se guarda un registro detallado del clima del pasado.

Este artículo se apoya en un proyecto de investigación desarrollado gracias a una Beca Leonardo, cuyo objetivo es utilizar las masías como archivos climáticos para reconstruir la variabilidad hidroclimática del Mediterráneo occidental a lo largo del último milenio. A partir del análisis dendrocronológico de sus estructuras de madera es posible no solo fechar con precisión la construcción de los edificios, sino también reconstruir la variabilidad hidroclimática del último milenio en una de las regiones más sensibles del Mediterráneo al cambio climático.

Cuando los edificios conservan la memoria ambiental

Cada anillo de crecimiento de un árbol registra las condiciones ambientales del año en que se formó. En contextos mediterráneos de montaña, donde el crecimiento está fuertemente condicionado por la disponibilidad de agua y la temperatura, los anillos reflejan con gran fidelidad periodos húmedos, sequías prolongadas o episodios climáticos extremos. Estos patrones se repiten de manera coherente en árboles de una misma región, lo que permite asignar un año exacto a cada anillo mediante técnicas de comparación cruzada.

Cuando esa madera se emplea como material estructural, por ejemplo, en las vigas principales de una masía, el edificio hereda ese registro climático. A diferencia de otros elementos constructivos, las vigas centrales rara vez se sustituyen, ya que su reemplazo implicaría una intervención estructural de gran complejidad. Por ello, los anillos permiten conocer con bastante precisión el momento de tala del árbol y, en consecuencia, la fase principal de construcción del edificio.

En este trabajo se han estudiado vigas procedentes de edificaciones históricas del Maestrazgo, como torres fortificadas, molinos harineros y masías tradicionales situadas en Cantavieja, Villarluengo y Tronchón (Figura 1). Las muestras se obtuvieron mediante técnicas no destructivas, respetando la integridad de las construcciones y su valor patrimonial (Figura 2).

Figura 1. Izquierda, Torre Sancho, cuya construcción ha sido datada mediante este proyecto a principios del s. XIV.  Derecha, Torre Camañes, data mediante este proyecto a mediados del s.XIV. Ambas se encuentran en la provincia de Teruel. Foto izquierda Ernesto Tejedor. Foto derecha Luis Alberto Longares.

La clave que permite conocer la edad exacta de estas vigas es su solapamiento con cronologías construidas a partir de árboles vivos de la misma región. En el Maestrazgo y en otras zonas del Sistema Ibérico se conservan buenos registros dendrocronológicos desde la actualidad hasta, aproximadamente, el siglo XVI. Más allá de ese límite resulta cada vez más difícil encontrar árboles vivos lo suficientemente antiguos. Sin embargo, los patrones de crecimiento anual se repiten de forma coherente entre generaciones de árboles. Gracias a esa repetición, las vigas históricas pueden enlazarse con los árboles vivos y entre sí, extendiendo la cronología progresivamente hacia atrás en el tiempo, como si se ensamblaran las piezas de un mismo puzle.

Figura 2. Izquierda, Imagen muestreando una viga central en un molino en el Maestrazgo. Derecha, muestra de 10 mm de grosor extraída mediante barrenas Pressler. Imágenes, Ernesto Tejedor.

Un registro continuo desde el siglo XI

El análisis de las muestras ha permitido construir una cronología dendrocronológica que se remonta hasta el siglo XI. Algunas de las vigas estudiadas comenzaron a crecer en torno al año 1074, lo que convierte a estas construcciones en uno de los archivos climáticos más antiguos disponibles actualmente en el interior mediterráneo de la península ibérica.

Además de proporcionar fechas de construcción muy precisas-como la Torre Sancho, levantada a comienzos del siglo XIV, o el Masico El Bacio, construido a mediados del siglo XVIII-, el conjunto de datos permite identificar patrones temporales más amplios relacionados con la historia ambiental y socioeconómica del territorio.

Los resultados permiten identificar dos grandes etapas en la construcción de las masías, separadas por cambios en la ocupación y el uso del territorio. En una primera fase predominan las torres y algunos molinos (siglos XIV-XVI), mientras que en una segunda (XVI-XVIII) se consolida y expande la red de masías que estructura el paisaje rural actual.

Más allá de esta lectura histórica, la combinación de cronologías obtenidas a partir de árboles vivos con las vigas de las masías permite extender el registro dendrocronológico de forma continua durante aproximadamente mil años. Este solapamiento abre la puerta a reconstrucciones hidroclimáticas de largo alcance, especialmente relevantes en una región donde los registros instrumentales son muy recientes.

Los primeros resultados apuntan a una variabilidad hidroclimática claramente no uniforme a lo largo del tiempo, con periodos de marcada inestabilidad y mayor frecuencia de extremos concentrados, especialmente, en los siglos XIII y XVII, así como en la actualidad, que alternan con etapas más estables. Este comportamiento sugiere una dinámica compleja, en la que la relación entre la precipitación y los distintos forzamientos climáticos no es lineal y varía a lo largo de los siglos. Además, las reconstrucciones no muestran una tendencia sostenida a la disminución de la precipitación. Lo que ha cambiado de forma decisiva en la actualidad no es tanto la cantidad de lluvia, sino el aumento de la demanda evaporativa de la atmósfera, que hace que incluso años con precipitaciones normales puedan traducirse en episodios severos de sequía.

Clima, territorio y adaptación humana

Frente a los registros instrumentales modernos, limitados a poco más de un siglo, las vigas de madera permiten estudiar la frecuencia, duración e intensidad de sequías y periodos húmedos durante cientos de años.

Este tipo de información adquiere una relevancia especial en el contexto actual. El Mediterráneo está identificado como una de las regiones más vulnerables al calentamiento global, con un aumento previsto de la aridez y de los eventos extremos. Conocer cómo varió el clima en el pasado y cómo respondieron las sociedades rurales aporta una perspectiva histórica imprescindible para abordar los retos de adaptación presentes y futuros.

Un archivo aún por completar

Este estudio representa un primer paso. La ampliación del muestreo a otras comarcas del Sistema Ibérico y del arco mediterráneo permitirá reforzar la cronología y mejorar la resolución de las reconstrucciones climáticas.

Las masías, aparentemente inmóviles en el paisaje, conservan una memoria precisa de la relación entre clima y territorio. Leer esa memoria no solo ayuda a comprender el pasado, sino que ofrece claves fundamentales para interpretar el presente y anticipar los escenarios climáticos del futuro.

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