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ESCRITA POR EL BECARIO LEONARDO PABLO MARTÍN

“Memorias de un viejo cabezota”, la novela distópica que anticipó un encierro de varias semanas por un virus global

JUAN PUJOL

En el verano de 2018, el escritor Pablo Martín se recluyó en una cabaña en Suiza durante 99 días para sentir lo mismo que el protagonista de su nueva novela. En su ficción, una pandemia de una letal enfermedad ha cambiado a la sociedad para siempre: los supervivientes evitan cualquier contacto físico y llevan mascarillas para evitar la propagación del virus. Se suponía que debía ser una historia distópica, pero ha terminado pareciéndose demasiado a la realidad, algo que es al mismo tiempo “curioso y triste” para el novelista.

21 mayo, 2020

“En determinadas circunstancias puede ocurrir cualquier cosa en cualquier lugar”. Esta cita de Margaret Atwood corona el frontispicio de la nueva novela, aún inédita, del becario Leonardo Pablo Martín: Memorias de un viejo cabezota.

El título no dice demasiado, pero basta tan solo leer unas pocas palabras sobre su argumento para que resulte irremediablemente familiar…

En el año 2066, un hombre casi nonagenario se ve forzado a realizar un confinamiento de cerca de cien días tras una pandemia de una letal enfermedad, propagada por un virus, que ha diezmado la población europea, llevándose la vida de 30 millones de personas.

El Viejo Continente ha sido evacuado y la Península Ibérica es una base militar. Sin embargo, varios grupúsculos de resistencia permanecen instalados en diferentes zonas geográficas, como el del protagonista, que se encierra en un antiguo manicomio en la ciudad de Reus.

Los supervivientes, que llevan máscaras de protección para evitar la infección, extreman las medidas de precaución a la hora de interactuar con los demás: nadie quiere el contacto físico. Esta sociedad postapocalíptica ha cambiado para siempre.

Un encierro voluntario antes del confinamiento

En el verano de 2018, el escritor se recluyó en una cabaña frente al lago Lemán, en Ginebra (Suiza). Un aislamiento voluntario de 99 días para sentir lo mismo que el protagonista de su historia. Ese personaje de ficción es él mismo, su proyección a 45 años. “Escribo del 2066, pero en realidad hablo de los miedos que tengo, que tenemos, en este momento”.

Memorias de un viejo cabezota parece que, a pesar del parón que ha vivido el sector durante los dos últimos meses, podrá editarse en octubre. Se trata de la última entrega de la trilogía de Pablo Martín cuya segunda parte, “Tuyo es el mañana”, escribió gracias a una Beca Leonardo de la Fundación BBVA.

A pesar de desarrollarse en un escenario tan oscuro, Martín asegura que el relato “es el diario íntimo de un personaje de 89 años, confinado con otros personajes”, que transcurre en el edificio del Institut Pere Mata, en la actualidad una clínica psiquiátrica universitaria, una construcción amurallada, modernista, que el protagonista de la novela considera ideal para el desarrollo de su célula de resistencia. “Comienza escribiendo esa bitácora en las hojas de cortesía de los libros que encuentra en un altillo, porque en esa sociedad de 2066 ya no hay papel, y él empieza a escribir a la antigua usanza”.

Un homenaje a los que más sufren la COVID-19

El literato cree que en cierto modo podría considerarse un homenaje –involuntario al escribirlo– a los que más están sufriendo la crisis sanitaria del coronavirus: “los viejos –en la ficción– sobreviven mejor porque conocieron una época pretecnológica. Se trata de una reivindicación de la vejez o la senectud, son ellos los que mejor resisten la situación de confinamiento”.

“No sé muy bien qué hacer, la novela no está aún en imprenta, pero no sé si hacer algún comentario o alguna referencia a la situación actual”, duda Pablo Martín. Considera evidente que habrá un antes y un después del coronavirus y “si un personaje está en el futuro en esa situación –de confinamiento– sería un poco extraño que no haga referencia” al encierro actual, “podría asemejarse a aquellos escritores que tenían a punto de salir una novela antes de los ataques terroristas del 11-S”.

Se suponía que debía ser una historia distópica, pero ha terminado pareciéndose demasiado a la realidad: “es una paradoja, yo me confiné voluntariamente en una cabaña para saber lo que podría sentir ese personaje dentro de unos años. Es a la vez curioso y triste, uno imagina cosas en la ficción que tampoco piensa que vayan a suceder”.