Pablo Echart captura la verdad de los momentos pequeños en ‘Mirar el mar’
La sencillez de una tarde de verano de la infancia, el entusiasmo de los cinco segundos que preceden el abrazo entre un padre y su hija o el breve recuerdo agridulce de un amor del pasado son algunos de los momentos pequeños de la vida que Pablo Echart ha capturado en Mirar el mar (Acantilado), su primer libro de microrrelatos y su primera incursión en la ficción después de publicar el álbum ilustrado Volver.
30 julio, 2026
Pablo Echart llevaba muchos años – “desde los noventa, gracias a la sección ‘Dos veces cuento’ en la revista Nuestro Tiempo” – practicando la escritura de este género breve. El también doctor en Comunicación por la Universidad de Navarra destaca el poder de concisión del lenguaje en estos microrrelatos, que en algunas ocasiones no superan las 100 palabras: “Me gustan la expresividad que tiene y la exigencia que demanda este género. Son cuentos que tienen como punto fuerte la sugerencia, ya que transmiten ideas profundas con una máxima economía del lenguaje, algo en lo que se asemejan a la poesía”.
En los relatos de Mirar el mar, Echart ha intentado “trascender la anécdota”, es decir, mostrar algo más que una estampa, para dejar un poso que el lector tendrá después que asimilar e interpretar. Para ello, sin embargo, fija la mirada en la cotidianeidad, en momentos de apariencia anodina. “He combinado la observación hacia dentro (es decir, mis inquietudes, obsesiones, preocupaciones y aficiones personales), con la observación hacia fuera. Como decían Zavattini y los neorrealistas italianos, hay que imaginar muy poco, porque la realidad siempre está llena de historias y solo hay que saber observarlas. Por ejemplo, uno de los cuentos llamado ‘Equilibro’ sale directamente de algo que vi en un parque infantil, y es que un padre tiró la bicicleta nueva de su hija a un contenedor, y a los pocos segundos, su mujer la recogió y se la volvió a dar a la niña para que siguiera intentando aprender”, relata.
El autor es, además de escritor, profesor en la Universidad de Navarra, donde imparte docencia referida a la escritura y el análisis del guion cinematográfico. De hecho, en 2017, Echart recibió una Beca Leonardo en Comunicación para escribir un guion cinematográfico sobre la historia de la Unión Europea. Preguntado si el cine le ha influenciado a la hora de escribir estos microrrelatos, sostiene que no, al menos de forma consciente, aunque apunta: “Con mis alumnos he trabajado mucho en el ámbito del cortometraje, que de alguna forma también tiene algunas coincidencias con el microrrelato. Es verdad que algo que busco en la escritura de estos cuentos es que sean muy visuales, algo que también pasa en los buenos guiones, que consiguen que el espectador vea la película a través de las palabras”.
Los finales son tradicionalmente el elemento clave en el género corto. “Tienen que ser muy potentes, sorprendentes, pero no tienen por qué ser tremendistas. Es cierto que no todos mis finales son felices. En el conjunto del libro hay algunos que son más pesimistas, otros más esperanzadores. Pero en los que son más graves, intento matizar con un tono humorístico. Creo que eso ayuda a liberar esa tensión y a darle un toque un poco más luminoso al libro en su conjunto”, argumenta Echart.
Cuenta que un amigo suyo le dijo que en Mirar el mar los personajes no eran mala gente. Echart concuerda, y añade: “Mis personajes están preocupados por cosas en las que todos nos podemos reconocer: la importancia que damos a las relaciones familiares, al amor, cómo nos sentimos apegados a la infancia, cómo sentimos el vértigo del paso del tiempo o cómo sentimos la fragilidad o la vulnerabilidad, vinculada a la muerte, que en libro aparece siempre de forma accidental”.