La becaria Leonardo Rosa Ferrer.
Beca Leonardo 2024 en Economía, Ciencias Sociales y Jurídicas

Rosa Ferrer analiza la presencia de estereotipos en televisión y su influencia sobre las brechas de género

JUAN PUJOL RODRÍGUEZ

Los contenidos de televisión pueden reforzar estereotipos de género como el rol de la mujer como madre o el del hombre como consumidor de programas deportivos. Pero también pueden ayudar a reducirlos, como sucedió en Brasil en la década de los ochenta y noventa, donde la exposición a determinados programas de televisión contribuyó a reducir una elevada tasa de fertilidad. El uso de datos reales de consumo de miles de audímetros instalados en hogares españoles ha permitido a Rosa Ferrer, profesora de Economía y Empresa de la Universidad Pompeu Fabra, avanzar en el análisis de aspiraciones, expectativas y estereotipos y su impacto en las brechas de género, gracias a una Beca Leonardo 2024 en Economía, Ciencias Sociales y Jurídicas.

28 mayo, 2026

Perfil

Rosa Ferrer

La principal razón para llevar a cabo el estudio, argumenta la profesora Ferrer, es la observación de brechas de género persistentes, particularmente en el ámbito profesional y laboral, cuya reducción se ha desacelerado desde las décadas de 2000-2010. Esta ralentización ha abierto nuevas preguntas y retos, como el llamado “techo de cristal” que implica una baja representación de mujeres en puestos de liderazgo y requiere un entendimiento profundo de las decisiones individuales antes de implementar políticas públicas. El estudio es, en su opinión, esencial porque las medidas políticas o empresariales dependerán, entre otras cosas, de si la brecha es de aspiraciones, expectativas o estereotipos.

Hasta el momento, la mayoría de estudios que analizan diferencias de género en el consumo de contenido audiovisual se habían realizado principalmente a través de encuestas. Sin embargo, Rosa Ferrer ha podido realizar una investigación con datos de alta frecuencia, con las decisiones que minuto a minuto toman los usuarios de los audímetros en sus pautas de consumo de contenido, combinados con datos detallados sobre el contenido ofrecido. “Casi podríamos decir que es un análisis de big data”, explica, “por la enorme cantidad y variedad de información que se obtiene. Además, son datos de gran calidad porque permiten analizar todas las opciones simultáneas de contenido que tenía cada consumidor en cada momento de tomar una decisión”.

Uno de los principales resultados de la investigación es la evidencia de contenido que reproduce y refuerza estereotipos de género mediante una presencia desigual y roles diferenciados entre hombres y mujeres. El estudio detecta una sobrerrepresentación de personas con género masculino en la mayoría de los contenidos audiovisuales, especialmente en informativos, combinado con una mayor presencia de mujeres con roles vinculados a la maternidad. La sobrerrepresentación masculina sucede también incluso en los programas con demanda mayoritariamente femenina, como la telerrealidad. Estos desajustes en el contenido pueden contribuir a moldear expectativas y aspiraciones diferenciadas por género.

Sesgos en la oferta, pero también en la demanda

Sin embargo, la oferta no es la causa única de estos sesgos: las decisiones que toman los consumidores también tienen un peso determinante, es decir, la demanda también afecta. Y de hecho, “como actualmente hay más alternativas de contenido que ver, ahora los efectos de demanda pueden pesar más que antes ya que el consumidor tiene mayores alternativas”, asegura la profesora Ferrer, “oferta y demanda se retroalimentan, especialmente al tratarse de un mercado en el que las medios compiten fundamentalmente en contenido. Esto hace muy difícil observar ‘efectos puros’ de la oferta o de la demanda”. En esta dimensión, el estudio muestra que en promedio las mujeres se inclinan más por contenidos de entretenimiento, concursos y ‘realities’, mientras que los hombres en promedio prefieren deportes, ficción y programas de opinión. Cabe destacar que no se observan diferencias de género destacables en el consumo de contenido informativo.

Además, las mujeres consumen una cantidad notablemente superior de contenido que los hombres, es decir, ven más la televisión que los hombres incluso en horario de máxima audiencia. Sin embargo, los hombres podrían estar consumiendo más contenido audiovisual por otros medios. Por las barreras que hay en el acceso a datos detallados de uso de plataformas digitales, “no hemos analizado diferencias de género en consumo de contenido audiovisual digital, así que esta diferencia en el total de consumo podría indicar una brecha digital, sugiriendo que los hombres en promedio consuman más contenido de esas plataformas. Aunque también podría reflejar diferencias de ocio por género o patrones laborales distintos incluso en horario nocturno, si los hombres tienen en promedio una mayor tendencia a estar trabajando en una determinada franja que las mujeres, esto se vería reflejado en los datos de audiencias”, sugiere Ferrer.

Los contenidos audiovisuales pueden ayudar a romper estereotipos

“Algo que me parece muy importante destacar”, subraya la profesora de Economía y Empresa de la Universidad Pompeu Fabra, “es que el contenido audiovisual también puede tener un efecto positivo para luchar contra los estereotipos de género”. Así ocurrió en Brasil, ejemplifica Ferrer, donde la difusión desigual a nivel geográfico de telenovelas en los años ochenta y noventa -cuestiones tecnológicas hicieron que unos territorios pudieran verlas pero otros no, lo que da la posibilidad de analizarlo como una suerte de experimento con grupo de control- permitió observar cómo la exposición a modelos femeninos menos tradicionales indujo a mayor control de la fertilidad en las regiones a las que llegó el contenido. También en África, donde la introducción de determinados contenidos contribuyó a disminuir actitudes tolerantes hacia la violencia de género.

Para la profesora Ferrer, comprender cómo las decisiones de consumo influyen en la persistencia —o reducción— de los estereotipos de género se convierte en un reto clave tanto para la investigación como para el diseño de políticas públicas. Lo ilustra con la reciente legislación, española y europea, orientada a controlar el acceso y consumo de los jóvenes de las redes sociales, un grupo sociodemográfico sobre el que tiene investigación específica en marcha aún sin resultados definitivos, donde poder determinar si hay segregación clara de género en el contenido consumido ya en edades tempranas.

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