Samuel Zamora descubre el primer ejemplar en España de ‘Jaekelopterus’, un escorpión marino gigante
Un hallazgo único: durante las excavaciones de un proyecto impulsado por una Beca Leonardo en Biología, Ciencias del Medio Ambiente y Ciencias de la Tierra para estudiar y entender cómo las primeras plantas conquistaron los ecosistemas terrestres hace 400 millones de años, Samuel Zamora ha encontrado un juvenil de Jaekelopterus, un escorpión marino que llegaba a medir 2,5 metros. El espécimen no solo es el primero descubierto en España, sino uno de los más completos y mejor conservados del mundo. Próximas excavaciones prometen arrojar luz adicional sobre la que es considerada una de las primeras especies anfibias en aparecer sobre la Tierra.
25 junio, 2026
En 2023, Samuel Zamora obtuvo una Beca Leonardo para estudiar y entender cómo conquistaron los ecosistemas terrestres las primeras plantas, un proceso que se conoce como terrestralización y que supuso cambios importantes en la Tierra y la atmósfera. Con esta conquista las plantas consiguieron crear los hábitats adecuados para que organismos como artrópodos (arácnidos e insectos) y vertebrados pudieran habitar de manera permanente la tierra firme. El Devónico, hace 419 millones de años, fue un momento crítico para estos cambios ya que es cuando se produce la diversificación de las plantas terrestres que llegaron entonces a ocupar prácticamente todos los continentes.
En ese periodo del Paleozoico, expone este científico titular del Instituto Geológico y Minero de España (CSIC), “los polos no estaban ocupados por hielo, con lo cual el nivel del mar era bastante alto. En la zona ecuatorial y tropical existía una gran masa continental, Euroamérica, y toda la parte sur estaba ocupada por el supercontinente de Gondwana”, formado por las masas de tierra que hoy conocemos como América del Sur, África, India, Australia y la Antártida. “En medio tenemos una serie de islas entre las cuales se encontraría Iberia. Entre las provincias de Teruel y Zaragoza se habían localizado las primeras plantas terrestres de Iberia y hemos trabajado en tres yacimientos que se distribuyen a lo largo de todo el Devónico inferior con resultados bastante notables en cuanto a la cantidad y calidad de los fósiles. En este tipo de prospección lo más común es que los restos sean fragmentarios, pero en algunos casos la conservación es tan buena que llegamos a tener los órganos reproductores, que son muy importantes para identificar las plantas y para entender cómo fue su dispersión en este momento clave”.
Una especie que alcanzaba tamaños de 2,5 metros
Fósil del escorpión marino hallado. (c) Samuel Zamora
En el curso de las excavaciones de este proyecto Leonardo aparecieron fragmentos de euriptéridos, un tipo de artrópodo a los que se denominan escorpiones marinos por su semejanza anatómica con los que hoy conocemos, pero que alcanzaban tamaños de 2,5 metros. “Al principio pensamos que se trataba de restos anecdóticos, pero cuando continuamos excavando nos dimos cuenta que el alcance del yacimiento era mucho mayor, pues conseguimos ver incluso la estructura de lo que sería el esqueleto de unos de estos organismos. En uno de esos trabajos, al abrir una laja de pizarra, apareció, completo y en condiciones extraordinarias de conservación, un juvenil de Jaekelopterus, el artrópodo depredador más grande que ha poblado nuestros ecosistemas a lo largo de la evolución de la vida sobre el planeta”, relata el investigador.
Para comprender el alcance del hallazgo Zamora hace notar que “los restos que existen a nivel mundial de este escorpión marino gigante —sobre todo en Alemania y Norteamérica— son bastante fragmentarios. En un yacimiento alemán se encontró una pinza, a partir de la cual se estimó que el organismo mediría a razón de dos metros y medio. El problema es que muchos artrópodos tienen unos tamaños de quelas (las pinzas) que no están relacionados directamente con el tamaño corporal. Estamos convencidos de que en nuestro yacimiento van a aparecer más restos que nos van a permitir tener una estimación mucho más precisa del tamaño de estos organismos”.
Un yacimiento “prometedor” para lograr futuros hallazgos
Los investigadores involucrados en el proyecto consideran que la zona es realmente “prometedora” porque podría ser un lugar de cría, es decir, “en el que seguramente coexistieron adultos y juveniles, lo que en sucesivos trabajos podría proporcionarnos una visión mucho más completa de cómo vivían: las interacciones entre los miembros de la especie y con el ecosistema. Al aparecer asociados a los restos de plantas, que fue el objeto principal de la Beca Leonardo, podemos entender mucho mejor cómo era este entorno de costa al que llegaban las plantas, seguramente arrastradas desde la desembocadura de algún río. Y simultáneamente sabremos más sobre estos organismos, que se encuentran entre los primeros en adentrarse en tierra firme, es decir, tener un tipo de vida anfibia”, añade.
Parte del interés paleontológico del área, asevera este geólogo formado en la Universidad de Zaragoza y más tarde en Londres y Washington, se deriva de que “los yacimientos son prácticamente inéditos. Hay que tener en cuenta que —salvo uno de ellos, en los que se describieron las primeras plantas de la península Ibérica —, se localizaron a raíz de la instalación de parques eólicos en la zona. En las obras participaban dos paleontólogos —José Manuel Gasca y Diana Ramón— que dirigían los trabajos preventivos y contaron con nosotros como asesores científicos”. Este carácter prácticamente virgen contribuye a que “todo lo que se está obteniendo a medida que vamos excavando sean datos novedosos a distintos niveles. Algunos, como los de este bebé de Jaekelopterus, pueden aportar información a nivel global. Respecto a las plantas, hay algunas que son nuevas para la ciencia y otras que se conocen pero no se habían encontrado antes en Iberia”.
La ventaja de contar con varios yacimientos es que “nos proporcionan una visión no solo en un espacio concreto, sino en el tiempo; nos muestran cómo estos grupos de organismos y plantas han evolucionado a lo largo de varios millones de años. No es solo una fotografía de lo que ocurrió, sino varias y en diferentes momentos”, concluye Zamora.
